Aquella noche decidió salir de su casa. Llevaba un vestido negro, medias altas, tacones negros, su cabello negro suelto, labios rojos y olor a un perfume exquisito.

Iba decidida, con el corazón roto, buscando un nuevo horizonte.

Cansada de las malas experiencias en el amor, aquella noche decidió vender su cuerpo.

Se paró en la calle, junto a otras damas. Encendió un cigarrillo y dobló su pierna colocándola en la pared. Sus brazos cruzados y mirada confundida, con muchos malos recuerdos y sentimientos encontrados.

Veía como las demás caminaban luciendo su cuerpo, para lograr irse con el primer hombre que la quisiera comprar. Sacó de su cartera el licor sobrante de aquella vez, donde por despecho había derramado un par de lágrimas. Tomó un sorbo, lo guardó en su cartera y continuó fumando.

En la espera, recordaba el momento en que encontró a su pareja siéndole infiel con la que llamaba “amiga”, en quien por muchos años confió.

Llegó su primer cliente. Se acercó al auto. Al ver bajar poco a poco la ventana, observó que se trataba de él, aquel hombre que la había engañado, el hombre por el que sufrió por mucho tiempo. El masculino de tez blanca, la miró a los ojos y el dijo “perdón”. La chica volteó y el caballero se marchó.

ZJC